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Café del Jardín

El sonido del claxon precisa la velocidad con la que se mueven las manecillas del reloj en Madrid. Paseando por la calle San Mateo, en la esquina sin luz nos dimos cuenta de que había un lugar en el que el conejo blanco descansaba. Se trata del Café del Jardín, que continúa con la sucesión de notas para no desentonar en la estética del museo del Romanticismo.

James Barrie, cuando imaginaba la manera en la que descubrir Nunca Jamás, quizás ya dio alguna pista sobre lo que debería ser un tesoro entre esas calles cercanas a Tribunal y que hacen de sombra de lo que fue la Movida. Un salón de té en el que pasear la mirada por la ingente cantidad de cafés, que dan de beber a la bollería casera encargada de pintar de color al Café del Jardín.  Ahora que ha aterrizado el verano, abre de 09:30 a 20:30, en San Mateo, 13. Dos pasos por este pequeño oasis es ya demasiado ruido del que merece, y por eso, con todo el sigilo posible os susurramos la posibilidad de conocer un cuento desde dentro.

 

Café del Patio

Escondido en nuestra sombra y temeroso de coger una popularidad que acabe con su encanto, se encuentra uno de los cafés que más han llamado la atención del blog en las últimas semanas. Se trata de Café del Patio, cogido de una mano por la plaza de  Tirso de Molina y por la otra de Jacinto Benavente, sus mesas huyen del ruido de Madrid hasta la calle Conde de Romanones, 5.

El que se queda en la cueva, por asombrosa que parezca, muere, se pierde o pasa miedo. Aquí, se camina hacia la luz, a veces tenebrosa porque  en este tipo de cafés impera más el humo del café que el color de las palabras. Creado en 2005, su decoración responde a una confluencia de ideas, con intenciones que persiguen evocarnos a las jaimas del desierto, y al reposo de las mismas. Pequeño, de techos altos, es perfecto no sólo para la hora del café, sino que comidas, cervezas o una simple x en la casilla de paradas obligatorias hacen de este local la posibilidad de que por una vez sea nuestra sombra la que nos invite a pasar.

Rústika Café Casa Ángel

Subido a la avioneta de la imaginación, consigo cerrar los ojos para poder sumergirme en nuevos sitios que sólo salen a la luz cuando el sol desaparece. En laesquinasinluz sólo tenemos la tenue inspiración que ilumina estas letras, suficiente para seguir presentando nuevos locales de Madrid, y a veces, despertar para acercarnos más allá de lo que señala el dedo.

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Hoy toca hablar de Rústika Café Casa Ángel, en la calle Minas, 18, en una zona en donde la noche deambula entre decenas de toboganes que forman sus calles. Para describir el local, no hay más que hacer girar la bola del mundo y apuntar. Cada salón intenta emular un continente, e incluso se atreve a decorar un recuerdo, como su salón señorial. Al igual que los espacios son casi infinitos, la carta es una corriente por la que dejarse llevar hasta saborear sus platos y cócteles. Hueco para una tetería, espacio para una insinuación, se hace difícil a veces fijar la mirada en alguien pudiendo hacerlo en todo lo que te rodea. Los viernes y sábados se puede convertir en el escenario perfecto para comenzar a pisar Madrid desde cualquier parte del mundo.

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Confesiones de un artista de mierda

El pasado mes de octubre Iván Ferreiro sacó el disco “Confesiones de un artista de mierda”, es decir, aunar bajo un doble cd/dvd las canciones que todavía se tararean en las cuatro paredes de nuestra cabeza. Temas de su etapa en Los Planetas así como canciones de sus discos en solitario. Lo que más impacto fue el título escogido por el artista gallego para su nuevo álbum, pero él perseguía hacer una selección de las mejores canciones desde un perspectiva más de base, terrenal, y alejado de pequeñas pinceladas de estudio.

El próximo 23 de marzo llega a Madrid con un concierto en La Riviera, a las 21:00. Cantar con él cada canción en un recorrido de la memoria empujada por la adrenalina de aquellas tardes en que sonaba Ivan Ferreiro con canciones como Turnedo, Años 80 o Tiovivo. Una madurez musical que girará con la colaboración de Santi Balmes y Xoel López (Love of Lesbian) entre otros. En definitiva vestirse para desnudar el grito de un equilibrio que en cada nota del concierto se hará imposible, ir bien acompañado y cantar con la voz para enamorarse con la mirada.

Olivia te cuida

Olivia te Cuida es ese lugar en el que esconder una pierna detrás de la otra, invitado por la delicadeza y sensualidad del sitio y quizás un poco forzado por lo reducido del local, para unos clave, para otros inconveniente. Platos caseros amparados en productos ecológicos intentan cautivar al cliente con un estilo que persigue arañar el éxito que en España tiene la comida de siempre. Cierto es que Olivia te Cuida usa el arma de lo ecológico, de los desayunos naturales y añade la hora del brunche, un entretiempo que comienza a asomarse a España, consciente de que el único día que el español no duerme siesta es el domingo, ya que hace un par de palabras atrás que se levantó. No quiere caer en un hippysmo que se agarra a lo vintage como dueños de otra época. Quiere alejarse del bullicio en busca del reposo.

Olivia te Cuida son ensaladas, arroces, pastas o pescados, caseros, cuidados, donde el detalle cuidado reside en el producto y su decoración emula un gran abrazo, a pesar de las dimensiones del local. Precios asequibles, entre 7 y 15 euros, Olivia te Cuida está situado en la zona de Alonso Martínez, en Santa Teresa 8. Postres franceses, siendo el guiño final que este nuevo concepto de local en la capital se asoma, y en donde no hay mayor grito que el susurro. Grandes mesas de madera, todo en proporción al lugar, otras más pequeñas para dos, y en donde grupos o parejas logran una intimidad que se guarda en los platos de este nuevo sitio del blog.

Bodega La Ardosa

 

Es de las pocas islas que quedan en Madrid, una vista al pasado, y en donde los que pasan por delante nunca se detienen a la primera. Pero al echar la vista atrás, es cuando algo te empuja a dar media vuelta. Por que esta taberna forma parte de la luz  de Madrid .Es pequeña, pero como todo lo pasado guarda un secreto, seguir igual a pesar del paso del tiempo. Solo hay un enemigo a ese halo de misterio pasado, su música, que es desde la bachata, música brasileña o jazz de noche. En su simpleza decorativa reside una variedad visual que encanta al cliente, satisfecho por el echo de que su plan de cervezas, aperitivos o cenas, está completo gracias al sitio, que es la viva imagen de cuando uno piensa en cervecería de toda la vida. 

 

En la Bodega La Ardosa, otro de los secretos es un salón en la parte de atrás que mucha gente desconoce. Lo peculiar es que hay que pasar por debajo de la barra de manera literal, y son pocos los que dan crédito al ver que los que ya conocen el sitio esquivan la espuma de la cerveza en busca de un sitio. Los productos y tapas son tradicionales, lo que no lo es tanto en los tiempos que corren es su precio. Porque este sitio es muy barato, con tapas desde el euro y medio hasta los 3 euros. Situada en la calle Colón 13, cerca de la marejada de Fuencarral, es sin duda una de las apuestas del blog para refugiarse del frío, pero intentando acariciar con los dedos la primavera que está a la distancia de un grito.

Válgame Dios

Para muchos la decoración resulte cargada, mientras que para otro está cuidada al milímetro. Su esencia radica en ofrecer la exitosa mezcla cena-copas, en donde el tono se eleva impulsado por las risas que emanan de las bocas de todos los allí presentes, ya que desde su apertura no ha dejado de llenar. Para comidas y meriendas también abre, pero es en las copas en donde apuesta su carta Válgame Dios. La mayoría de las fotografías que ansían salir de los minúsculos marcos evocan a épocas de los años 60, a la vez que la ropa de estilo “vintage”palabra a la que tanta gente se ha hecho fan en los últimos meses. Como la mayoría de los sitios que traemos en el blog, Válgame Dios también se suma a esa idea de mezclar varias cosas en un sólo local.

Válgame Dios está en la calle Augusto Figueroa 43, a los pies de la plaza de Chueca. Eso sí avisar a los bolsillos que no es barato cenar ni tomar copas, pero la mirada siempre se marchará con buen sabor de boca en el restaurante. Añadir que, una tarde o noche allí es suficiente para ver infinidad de actores, cantantes y demás gente que de vez en cuando se asoma por la televisión.

The Wall

Es una manera diferente de tener un local, ofrecer una variedad de actividades dentro de unas paredes, y sobre todo enseñar a los clientes que alrededor de una copa, una merienda, etc, existe una enorme cantidad de cosas con las que distraer la vista. Este local aterrizó en Corrredera Baja de San Pablo, 47 como un local pensado para el día, donde se podía leer libros, charlar sobre un café mientras bañas uno de sus muchos muffins o incluso jugar a la consola ochentera que hay nada más entrar. A medida que Corredera se convertía en una cascada de gente con ganas de salir, The Wall se convirtió en una parada obligada de los parroquianos de siempre y foráneos, que se acercan hasta Malasaña por la noche.

The Wall se une a la aventura de locales que quieren dar un paso más allá del simple comercio, convirtiendo todo lo que rodea al cliente en un espacio multicultural, donde se ofrecen diseños de ropa, un fotomatón para inmortalizar el momento, comics y una decoración que hace que en el momento en el que cruzas la puerta regreses al pasado. Una vieja máquina de poner CD es la única que consigue que el oído le de un respiro a los ojos cautivados por The Wall. Y su gran secreto, el tequila, no tiene misterio, pero ellos tienen el mejor, un trampolín para empezar la noche.

La Realidad

Sentado en tu mesa, según donde se proyecten tus ojos, tus emociones se pueden ir caminando en una u otra dirección, porque ninguna pared es igual a su compañera de al lado. Libros, estanterías y una multitud de cuadros componen la decoración del bar La Realidad, que sigue con la idea de anotar a su lista de adjetivos el de vintage, tan usado por muchos otros y más por esa zona. Situado en Corredera Baja de San Pablo 51, el local podríamos dividirlo en una barra a la entrada para desayunar, tomar una caña o charlar con un café, en la parte de dentro una gran barra circular hace las funciones más de noche y de guerra, aunque también es usado para presentaciones de discos libros y simples mesas redondas sobre algún tema cultural. La idea de espacio multiusos está recuperandose y teniendo gran aceptación entre los clientes. La última de las zonas está reservada para un escenario en el que se hacen también alguna cosilla cultural, todo bajo la atenta mirada de una decoración que tiene su éxito en la escasez pero perfección.

Lo que caracteriza a La Realidad es que consigue ser un refugio de calor en el que se consigue evadir de lo que hay de puertas para afuera conscientes de que cliente cómodo, cliente que vuelve. Perfecto para las tardes de domingo en el que no necesitas más que un café y amigos o esos sábados que empiezan con una caña y acaban con un baile con la chica o la luna, quien más dispuesta esté.

La Mantequería

Siguiendo con la moda de alejarse cada vez más del concepto restaurante e intentado hacer de ello el salón de una casa, un sitio en el que uno olvida el tiempo y disfruta con los ojos y el paladar, tarera una canción mientras el sabor de la copa recorre sus venas a la misma velocidad que los americanos aprietan el gatillo, La Mantequería es uno de los mejores sitios para pasar la noche del sábado.

En la calle San Bernardino 7, junto a Plaza España, antes de comer hay que ser parte del sitio. Perfecto para cenar algo antes con amigos, mejor para ir con la pareja o el previo ligoteo. Los precios son los medios de este tipo de sitios, que quizás añaden un plus por eso de que ofrecen alimento para la boca y los ojos, sobre todo con esa luz tenue que hace más amena las horas que pasas allí. En torno a 20 euros, pero se reservan la sorpresa para los postres con una buena carta de cockteles y elixires como ellos mismos dicen.

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