El sonido del claxon precisa la velocidad con la que se mueven las manecillas del reloj en Madrid. Paseando por la calle San Mateo, en la esquina sin luz nos dimos cuenta de que había un lugar en el que el conejo blanco descansaba. Se trata del Café del Jardín, que continúa con la sucesión de notas para no desentonar en la estética del museo del Romanticismo.
James Barrie, cuando imaginaba la manera en la que descubrir Nunca Jamás, quizás ya dio alguna pista sobre lo que debería ser un tesoro entre esas calles cercanas a Tribunal y que hacen de sombra de lo que fue la Movida. Un salón de té en el que pasear la mirada por la ingente cantidad de cafés, que dan de beber a la bollería casera encargada de pintar de color al Café del Jardín. Ahora que ha aterrizado el verano, abre de 09:30 a 20:30, en San Mateo, 13. Dos pasos por este pequeño oasis es ya demasiado ruido del que merece, y por eso, con todo el sigilo posible os susurramos la posibilidad de conocer un cuento desde dentro.


















